domingo, 26 de abril de 2015

Navegar...

Querida Y,

Me preguntabas que es, que se siente al navegar, o al volar, como lo hacemos y lo sentimos tu padre y yo, ¡realmente me pones en cada compromiso!... es una pregunta con difícil respuesta.

Según la Real Academia de la Lengua:

navegar.

(Del lat. navigāre).

1. intr. Viajar en un buque o en otra embarcación, generalmente por mar.U. t. c. tr.

2. intr. Hacer viaje o ir por el aire en globo, avión u otro vehículo adecuado.

3. intr. Pilotar una nave. Estoy aprendiendo a navegar.

4. intr. Dicho de un buque o de otra embarcación: avanzar. El bergantín navega a cinco nudos.

5. intr. Desplazarse a través de una red informática.

6. intr. p. us. Andar de una parte a otra tratando y comerciando.

7. tr. p. us. Conducir las mercancías por mar de unas partes a otras para comerciar con ellas.

Pero estas definiciones creo que ya las conoces...

Navegar para mi, es algo mucho mas "prosaico", o poético, o filosófico... para mi, navegar es una forma de afrontar esta extraña vida que nuestra sociedad moderna nos provee.

Navegar es soñar con esa puesta de sol, soñar con ese amanecer; navegar es descubrir nuevos caminos, nuevos rumbos para llegar a lugares distintos, porque para mi personalmente, tan importante es el destino como el viaje realizado para llegar a el.

Navegar es sentir esa inmensa paz que solamente la mar o el cielo son capaces de proporcionarte, es ese hormigueo que se padece una vez que izado el trapo, apagas el motor y el barco toma sus grados de escora, en silencio, con la única música del mar al ser cortado por la proa... 

Navegar es intentar buscar esa perfección en las velas, para que recojan todo el viento posible; navegar es pasar un miedo terrible algunas veces, cuando compruebas que la mala mar y un mal viento te llevan casi irremisiblemente hacia unas piedras y una costa que te atraparan.

Navegar es reaccionar y maniobrar tu barco, sin luchar nunca contra la mar, sino aliandote con ella, para finalmente ganar barlovento y superar esos terribles momentos de miedo.

Navegar es leer las estrellas en la noche, es buscar el norte en una brújula, es seguir un rumbo que te llevará al paraíso, a cualquier paraíso al que hayas decidido llegar

Navegar es sentir una intima sensación de libertad como nunca consigues sentir en tierra, donde siempre te encuentras atado a algo, trabajo, obligaciones, correcciones sociales...

Navegar es jugar con los delfines en tu proa... o sentir como una ballena resopla junto a tu costado, mientras con su gran ojo te observa complacida...

Navegar es olvidarme de los problemas cotidianos, añorar a los que dejé atrás, y al mismo tiempo desear lo que se me presenta por delante...

Navegar es solucionar por mi mismo todos esos problemas que en un viejo velero siempre aparecen...

Navegar para mi es VIVIR... sentir la vida, sentir como te fundes con tu barco y sois uno.

Navegar es todo esto para mi y espero haber sabido explicártelo... y todo se puede resumir en un sentimiento... LIBRE

O como cantaría el gran Nino Bravo:


¿Lo entiendes ahora Y?.

Un beso.

viernes, 17 de abril de 2015

Mis paraisos cercanos: L'isola del vento , l'isola dei sogni , l'isola della paura .

Localización: 36º50'00 N / 11º57'00 E




Esa isla donde África se hace Europa, o donde Europa se hace África, esa isla en mitad de ninguna parte, esa isla donde se depositan los sueños de pisar Europa, donde afloran los miedos de pisarla y la incertidumbre de si alguna vez será pisada, esa isla que los antiguos llamaron La isla del viento... esa isla es Pantallería (o Pantelaria, como prefiráis llamarla).
De ella dicen las guías (perdóname Ana, no es mi intención parecer el TripAdvisor):

La isla constituye la parte emergente de un volcán, y por eso se compone de rocas de origen volcánico. De la composición del suelo llega uno de los nombres de Pantelaria, llamada Perla negra del Mediterráneo. Se la conoce también como La isla del viento (o en árabe, Bent el Riah, Hija del viento), porque los vientos soplan allí durante todo el año, garantizando frescura durante el gran calor veraniego. También se caracteriza por su particular paisaje: A los elementos naturales, como calas, farallones, coladas de lava y flora mediterránea, se unen con armonía las obras artificiales como son:

Muros secos, cuya función es contener el terreno y delimitar las propiedades utilizando las piedras existentes, además de proteger los huertos de cítricos del interior.

Los dammusi, casas típicas de la isla, de forma cúbica y techos blancos con forma de cúpula que se apoya en unos arcos. Los jardines de origen árabe conteniendo unas construcciones cilíndricas, con muros de piedra volcánica, con la finalidad de sanear los terrenos del exceso de piedras.
La isla se caracteriza también, como es de suponer, por su mar paradisíaco con sus bellísimos fondos. Como no hay playas de arena, sino sólo de rocas y grava, se utiliza un calzado adecuado para evitar hacerse daño en los pies. Existen unas plataformas lisas que permiten tenderse sobre ellas para relajarse o tomar el sol, por ejemplo y entre otras, en zonas de Martingala, Balata dei Turchi, el Faraglione y el Arco del Elefante.

Se han desenterrado evidencias arqueológicas de asentamientos y artefactos fechados hace 35.000 años. Por otro lado, en la Edad del Bronce se puede constatar, a través de la aparición de objetos provenientes de Micenas y Egipto, una red de comercio en torno a la isla cuyo objetivo era la obtención de cobre y estaño para hacer bronce.

Después de un considerable intervalo, durante el cual la isla quedó probablemente deshabitada, a principios del siglo VII a.C. 


Los fenicios la colonizaron mediante la fundación de Cossyra, sin duda debido a su importancia como estación de paso hacia Sicília. El yacimiento arqueológico de Cossyra se encuentra en las colinas gemelas de San Marco y Santa Teresa, 2 km al sur del pueblo de Pantelaria. El pueblo posee numerosos restos de muros construidos con bloques rectangulares de albañilería, además de unas cuantas cisternas. 

También se han descubierto cerca de la costa norte, diversas tumbas púnicas y unas terracotas votívas de un pequeño santuario correspondiente al período púnico. El nombre Pantelaria significa «hija del viento», que se refiere a los fuertes vientos que soplan desde la costa norte de África. 

Los romanos ocuparon la isla, según quedó registrado en las Fasti Triumphales, en el 255 a.C.; la perdieron el siguiente año y la reconquistaron en el 217 a.C. Bajo el Imperio, sirvió como lugar de destierro de personas prominentes y miembros de la familia imperial. El pueblo disfrutaba de derechos municipales.

En el 700 d.C., la población cristiana fue aniquilada por los árabes , de quien la isla fue retomada por Rogélio II Rey de Sicília. En 1311 una flota de la Corona de Aragón, bajo el mando de Luis de Requesens, obtuvo allí una considerable victoria, por la cual, tanto el como sus descendientes, ostentaron el titulo de príncipes de Pantelaria hasta 1553, cuando el pueblo fue saqueado por los turcos.

Durante la II Guerra Mundial, en 1943, su captura fue considerada crucial para el éxito aliado en la la invasión de Sicília, debido a que permitió montar las bases aéreas desde las que se encontraba en rango la isla mayor. Pantalleria fue fuertemente bombardeada con tanto desde el aire como desde el mar durante los días previos a la invasión planeada y rindiéndose la guarnición finalmente cuando se aproximaban las tropas desembarcadas. La captura de Pantalleria fue llamada “Operación Corkscrew”. Las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos, planearon la captura de la isla como una prueba de potencia aérea, ya que, intentaban conseguir una rendición a base de bombardeos aéreos.

Lugares de interés


El Parque Natural de la Montaña Grande: Es el corazón verde de la isla, donde se pueden ver hasta 600 tipos de plantas. Es el único parque europeo donde anidan dos pájaros muy coloreados, la Cinciarella Algerina y el Beccamoschino. 


Los barrios campesinos: Son 11 barrios que destacan por los grupos de dammusi, las habitaciones típicas y los jardines, particulares construcciones circulares de piedra que protegen los cítricos. 



El Lago llamado “Espejo de Venus”, en la zona septentrional: Es de origen volcánico y con colores particulares, en parte alimentado por fuentes termales. Está permitido bañarse y es como una beauty-farm al natural gracias a sus algas termófilas y al fango (también utilizados de manera terapéutica). 



Otras zonas termales: En toda la isla se notan manifestaciones de vulcanismo secundario, con emisiones de vapor acuoso.

Por ejemplo, la famosa Favara Grande bajo la Montaña Grande, o la zona de Gadr, con pozos a cielo abierto y una temperatura de 50 grados.


Las zonas con coladas de lava: Por ejemplo, la Mancha Mediterránea del Khagiar, una colada de 3 km, cubierta por una rica vegetación y donde se encuentran conejos y ejemplares de la famosa tortuga griega; o Balata dei Turchi, donde está ubicada una antigua cantera de obsidiana que descende hasta el mar. 

El Arco del elefante: Seguramente el monumento natural más conocido de toda la isla, por su forma particular y su playa sugestiva. 

La Llana de Ghirlanda: Se considera como el jardín de Pantelaria; es una llanura muy fértil rodeada de montañas que la abrigan de los vientos. Las murallas en seco protegen los cultivos con sus escalones. En esta zona se produce el famoso vino dulce de la isla, bebido en toda Italia.


Comidas típicas: 


Existen unas especialidades muy conocidas, tales como los Ravioli Amari, un tipo de pasta relleno de requesón y hojas de menta. 

El cous cous de pescado, siempre acompañado por unas verduras, que se sirve como plato único.

Las alcaparras de Pantelaria, que se utilizan en muchísimos platos como, por ejemplo, en las varias ensaladas, acompañados por el queso local Tumma.

El pescado, casi siempre cocinado a la parrilla.

Los dulces como los Mustazzola de tradición árabe (una simple esfolia rellena de sémola, miel, canela, naranja confitada y esperia) y los Raviolis rellenos de requesón, azúcar y canela.

Otra receta típica de Pantelaria puede ser el Pesto a la Pantesca crudo.

Todo ello sin olvidarnos de los vinos: El Passito y el Spumante, el Zibibbo, dulce y con un perfume característico y el Moscato, elaborado a partir de una variedad local de uva moscatel de Alejandría.
Esto es lo que dicen mas o menos las guías oficiales, pero para mi, Pantallería es la mirada de esos inmigrantes ilegales que llegan en pateras desde esa África tan cercana, esperando arribar al “jardín del Edén” occidental, la mirada de miedo ante lo desconocido, la mirada de una alegría que, pobrecitos míos, pronto se les hiela al comprobar que en Europa no se atan los perros con longanizas...

Para mi, Pantallería son los salmonetes de Montalbano, esos salmonetes de piedra, grandes y grasos; para mi, son esos isleños tan huraños en un primer momento (si os quejáis de lo cerrados que pueden ser los menorquines... es que no habéis estado en Pantallería) pero que a la primera oportunidad se enzarzan contigo en una interminable conversación sobre lo divino y lo humano; para mi, Pantallería son las calas rocosas donde te da autentico pánico echar el fondeo, vayamos a que se enroque y no es cuestión de perder un ancla ¡con los precios que tienen los “suministros náuticos”; para mi, Pantallería, es en resumen un pequeño y secreto paraíso cercano, donde llegué como por casualidad en un día de otoño, tras haber zarpado de Licata (donde llegué huyendo, a mi pesar, de los olores de Porto Empedocle) y "dando largas" antes de meterme en Lampedusa y Malta.

A Pantellaria llegué buscando este "albergo", que tantas veces aparece en las historias de Camilleri, donde Montalbano se escapa con su "eterna novia" Livia (extraña relación de amor-sexo-soledad la de ambos), esperando que el "pantuflas" del agente Catare' "no le rompa los huevos" (sic).


Ahí encontré esos salmonetes; encontré también un barbero de los de antes, que entre tijerezato y tijeretazo, me hizo una radiografía completa, que trás pelarme, me invitó a un "un mosto di vino dolce che fa mio padre", lo cual tengo que reconocer, que escuchado en siciliano-pantellariano no sabes bien si te estan dando las gracias o amenazandote con "una oferta que no podrás rechazar". Una isla en la que no pensaba haber perdido más de tres días y en la que acabé quedandome dos semanas... disfrutando del "dolce far niente".

También encontré una isla como las que a mi me gustan, donde gracias a Dios todavía no ha llegado ni el turismo chancletero ni las empresas de charter nautico. Para mi, Pantallería es esa isla donde quizás algún día exista "la Taverna degli spagnoli", donde sentados en una terraza frente al mar, podamos disfrutar de unos rones añejos, horas y horas de conversación y buena comida...; para mi, Pantallería es uno de “mis candidatos” definitivos para el día que decida desaparecer de este mundanal ruido que nos rodea.

Y ahora os dejo, que tengo una pizza que cocinar... 

sábado, 11 de abril de 2015

I - Porque no solo de caviar vive el hombre...

... Ni de macarrones con tomate el navegante, vamos a hablar hoy de cocina, cocina a bordo, ese tema que parece "tabú" para muchos... 

Y no es que a mi personalmente me apasione cocinar, que me apasiona, sino que siempre he pensado que no cuesta demasiado trabajo hacerlo y sacar partido de esas bien equipadas cocinas que todos solemos llevar en nuestros barcos.

Veamos, quien más y quien menos dispone de una magnifica cocina, a gas, a alcohol, a gas-oíl, eléctrica, de un par de fuegos, muchos con horno, otros con "gratinador", casi todos llevamos a bordo una estupenda "olla express", nuestros barcos están equipados con geniales frigoríficos, entonces ¿por que no aprovechar todo eso y "perder" algo de tiempo en cocinar fácil y sustancioso, y de camino, proveernos de esa energía que nos proporcionará una buena comida?...

Hoy voy a hablar de un plato, que aunque nos pueda parecer exclusivo de nuestra tradición culinaria de Semana Santa, realmente es un "clásico" en toda la gastronomía mediterránea... los podréis encontrar, bajo un nombre u otro, en Turquía, Grecia, Italia, España, Túnez... Los garbanzos con espinacas (o con acelgas).

Ingredientes (para 4 personas):

  • Garbanzos (2 puñados por cabeza y 2 más para el demonio) - para los perezosos vale 1 bote de garbanzos cocidos.
  • Espinacas o Acelgas congeladas, 1 bolsa de esas con 4 tacos.
  • 2 huevos
  • sal
  • un chorreón de aceite de oliva.
  • Azafrán
  • 2 ajos
  • 1 hoja de laurel
  • 1 pastilla de avecrem (que sería de nosotros sin este aditamento)
  • 2 granos de pimienta
  • Comino en grano, 1 grano (que más da demasiado sabor).


Preparación:

La noche anterior, pondremos en agua fría los garbanzos junto con un buen puñado de sal. En el caso de que seamos del gremio "perezoso", nos saltamos este paso, pero cuando abramos el bote de garbanzos y antes de añadirlos a la olla, los lavaremos bien en agua dulce.

Una vez escurridos los garbanzos, los pondremos en la olla, añadiremos los dos ajos enteros (y sin pelar de la cascara interior), la pimienta, la pastilla de avecrem, la hoja de laurel (que antes habremos tenido la precaución de "partirla"), un pellizco de azafrán, el grano de comino, las espinacas (o las acelgas), un buen chorreón de aceite de oliva y lo cubriremos todo con agua dulce, hasta 2 dedos por encima de los garbanzos.

Cerramos la olla express, poniendo la válvula, y a fuego fuerte dejamos que comience a hacer "piiiiiiiiiiiiii" y a dar vueltas dicha válvula... cuando comience a hacerlo, bajamos el fuego a "medio", y lo dejamos cocer durante entre 30 y 40 minutos.

Transcurridos dicho tiempo, lo apagamos y dejamos que la olla pierda presión por sí misma sin quitar la válvula... yo personalmente recomiendo irnos a revisar las amarras y a hacer todas esas cositas que nos gusta hacer en el pantalán...

Cuando volvamos al interior del barco, abrimos la olla, y aprovechando que todavía estará caliente, le echamos los dos huevos, sin parar de mover, utilizando para ello una cuchara de madera, hasta que los huevos "desaparezcan" completamente entre nuestro guiso...

Y ya está... nos sentamos a la mesa, y disfrutamos de nuestra comida...

Sencillo, ¿verdad?... y si sobra, a un tupper y al frigorífico, y pasado mañana les damos un calentón y acabamos con ellos. Eso si, si nos ponemos "sibaritas" y tenemos tiempo... lo acompañamos con un buen plato de bacalao frito, o de congrio, o de ...

BUEN PROVECHO.